En la mayoría de nuestras actividades, sobre todo quienes habitamos en grandes ciudades, estamos expuestos a ruidos, tanto en el ámbito laboral como en el social. Podemos definir el ruido como sonidos molestos, desagradables y perjudiciales para el aparato auditivo, que en algunas situaciones puede causar alteraciones físicas y psíquicas.
El nivel de ruido se incrementa en la medida que se suman las fuentes que lo producen, por lo tanto, en sectores industriales o zonas densamente pobladas encontraremos valores sumamente altos. Mencionamos en otras oportunidades, y es aplicable en este sentido, que los riesgos deben eliminarse, atenuarse, ser aislada la fuente que lo genera y como último recurso proteger al posible afectado.
Como resulta imposible eliminar las emisiones de ruido es necesario mantener los valores dentro de límites que protejan a quienes están expuestos, sobre todo si esa exposición es habitual y prolongada.
La intensidad del ruido se mide en decibeles (dB) y varía entre 0 y 140 dB. Una emisión de 0 dB no se puede oír, hace falta una presión superior para que el tímpano y los huesecillos puedan vibrar y transmitir el sonido. Cada individuo tiene un determinado umbral de audición que se refiere a esa presión mínima necesaria. La pérdida temporaria de audición se produce cuando baja el umbral.
El campo auditivo humano es limitado: a bajas o altas frecuencias no escuchamos.
Se considera 80 dB como nivel de seguridad o de tolerancia de exposición al ruido.
Para poder escuchar al interlocutor en una conversación a distancia normal (1 m) el ruido ambiental debe no debe superar los 70 dB.
A consideración de la OMS los valores que superan los 70 dB son molestos y si superan los 90 dB son dañinos.
La legislación laboral permite hasta 90 dB y tabula tiempos de exposición permitidos según se incrementen estos valores.
Dentro de los riesgos laborales se consideran accidentes de trabajo los traumatismos auditivos agudos y enfermedad laboral a la hipoacusia o pérdida de la capacidad auditiva, provocados en todos los casos por ruido ambiente dentro del ámbito de trabajo.
Entre los 120 – 140 dB es muy probable que se produzcan lesiones de distinta gravedad en el oído externo e interno. Las mayores lesiones se producen por ruidos de impacto, de fondo o de impulso.
El ruido continuo y rutinario es menos perjudicial que uno inesperado e interrumpido (impacto e impulso).
Otros efectos del ruido sobre el organismo pueden ser:
- Aumento de tensión arterial, taquicardia
- Aceleración del ritmo respiratorio.
- Provocar fatiga psíquica, irritabilidad, trastornos del sueño.
- Trastornos digestivos.
- Aumento de tensión muscular.
- Zumbidos en los oídos.
Todos estos trastornos pueden ser causa de accidentes ya que alteran la capacidad de alerta del trabajador, y en social dificultad de convivencia y comunicación.
Para controlar el ruido pueden tomarse distintas medidas:
- Modificar el emisor, remplazándolo por equipos menos ruidosos o mejorando el sistema de los existentes.
- Impedir o dificultar la propagación, aislando el equipo, colocando pantallas o recubrimientos especiales con materiales absorbentes de ruidos, colocando en recintos aislados los equipos ruidosos, por ej.
- Limitar la exposición de los trabajadores mediante rotaciones.
Cuando no sea suficiente la reducción mediante medidas técnicas deberá proveerse protección auditiva individual.
El especialista en seguridad de la empresa determinará la necesidad de reducir las emisiones o los tiempos de exposición individuales o el uso de protectores auditivos adecuados según la actividad.
Para seleccionar el tipo de protector se realiza un estudio usando un decibelímetro por octavas. Hay 3 tipos de protectores auditivos según atenúen en baja, en alta o en el centro de las frecuencias.
Son factores de riesgo dentro del ámbito laboral la exposición a ruidos generados por máquinas, equipos, vehículos y a explosiones.
Dentro de los hábitos diarios perjudiciales se encuentran escuchar música con el volumen muy alto, practicar deportes como tiro, automovilismo o motociclismo, permanecer en lugares de mucho tránsito vehicular por la incidencia de bocinazos, aceleración de motores y frenadas bruscas.
La contaminación acústica en la Ciudad de Buenos Aires la ubica como la cuarta ciudad más ruidosa del mundo, detrás de Tokio, Nagasaki y Nueva York, según un informe publicado por la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de Buenos Aires, que desarrolló un plan mediante el cual efectúan mediciones con sonómetros en distintos puntos de la ciudad y realizan controles periódicos de emisión de ruidos al transporte.
Según estos estudios se determinó que el transporte público es el principal generador de ruidos, seguido del mal uso de la bocina y el aceleramiento excesivo de los vehículos. Las zonas con índices más altos son el microcentro, Barracas, Monserrat, Constitución, la intersección de Pueyrredón y Santa Fe, Acoyte y Rivadavia y Cabildo y Juramento, con valores de entre 65 y 80 dB.
Con respecto a los subterráneos, hay tramos de 90 dB, siendo la línea “C” la que tiene los niveles más altos.
Con la sanción de la Ley 1540/2004 de la C.A.B.A. reglamentada por el Decreto 740/2007, se trató de controlar y corregir la contaminación acústica. Se determinó la clasificación de áreas de sensibilidad acústica como hospitales, escuelas y áreas naturales protegidas, los niveles máximos de emisión permitidos y se implementó un sistema de control y aplicación de multas.
Se puede efectuar reclamos por ruidos molestos en la página web del GCABA (http://www.buenosaires.gov.ar/areas/gob_control/calidad_ambiental/), llamando al 147 o a través del Centro de Gestión y Participación del barrio.
Lic. Miriam Slater.
Este artículo corresponde a la columna de Seguridad e higiene del programa radial de la Lic. Paula Alcoba, "Zona Segura" emitido el 28/12/09 por AM 1480 - http://www.zonaseguraradio.com.ar/ - http://www.radiofrecuencia93.com.ar/home.htm





































